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Estudiar sin ver, avanzar más allá de los límites

Campus
Tijuana
24 de Abril de 2026

“UABC no me ha dicho que no en ningún ámbito; me ha enseñado que puedo pedir cosas”.

Iby Lucía y Dulce Guadalupe Luna Quevedo son estudiantes de la licenciatura en Psicología en la Facultad de Medicina y Psicología de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Hermanas gemelas, que viven con discapacidad visual, causada por glaucoma congénito, condición que ha limitado su visión desde la infancia, no obstante, Dulce presenta una mayor dificultad visual que Iby.

Desde temprana edad, fueron educadas bajo la idea de que su discapacidad no debía convertirse en un obstáculo para su desarrollo académico ni para su independencia personal. Sin embargo, el proceso de aceptación no fue sencillo para ellas, “Cuando estás en una etapa en la que aún no aceptas una discapacidad, sientes que todo es tu culpa”, relatan las hermanas, una percepción que las llevó durante años a valerse por sí mismas y evitar pedir ayuda.

Dulce recuerda que esa idea se reforzaba constantemente, “Lo que nosotras teníamos que hacer era responsabilidad nuestra; era nuestra culpa si no éramos iguales a los demás y también era nuestra culpa si pedíamos ayuda o si no lográbamos concentrarnos en ciertas asignaturas”.

“Las exigencias que se nos pedían, nos frustraban y nos cansaba la culpa y la tristeza”, destacó Iby; pero eso no fue impedimento para dejar sus estudios.

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A pesar de ello, ambas eligieron estudiar en UABC por distintos factores. Uno de los principales fue el plan de estudios, que respondía a los enfoques que les interesaban profesionalmente. Otro aspecto decisivo fue el acompañamiento brindado por la vicerrectoría del campus, que las apoyó durante el proceso de inscripción. Iby señala que, en ese momento, tenían un conocimiento prácticamente nulo sobre el uso de la computadora, lo que representaba un reto adicional.

Las cimarronas aseguran que su experiencia universitaria ha sido positiva gracias al compromiso del profesorado y el acompañamiento psicopedagógico del área de Inclusión Estudiantil, encabezada por la doctora Edhy Echeverría Félix. Desde este espacio se gestionan apoyos para cubrir sus necesidades académicas y personales.

No obstante, las estudiantes también señalan áreas de oportunidad dentro de la institución, particularmente en materia de infraestructura. Entre los principales retos que enfrentan se encuentran los desniveles del suelo, sobre todo en zonas como la cafetería, así como rampas que, aunque presentan limitaciones, están en un proceso de intervención para mejorar su accesibilidad.

Además de su formación académica, Iby y Dulce colaboran activamente en proyectos enfocados en la accesibilidad visual. Con el apoyo de la ingeniera Isaura Lara Arenas, docente y encargada del Laboratorio de Innovación Social en Salud (LISS) participan en la propuesta de instalar letreros en braille en distintos espacios de la universidad, con el objetivo de poder facilitar la ubicación de los espacios a los que deben asistir en el plantel. Posteriormente, están trabajando en diversas propuestas más dinámicas bajo el mismo formato.

Actualmente, trabajan en iniciativas para adaptar exámenes como el de inglés, EXANI y CENEVAL, con el objetivo de que las evaluaciones respondan de manera más adecuada a las necesidades de las personas con discapacidad visual, ya que, aseguran, las soluciones existentes no son suficientes.

 

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En cuanto a sus metas profesionales, Iby expresa su interés en cursar un doctorado, como una forma de demostrar que es posible formar parte de ese reducido porcentaje de personas con discapacidad que alcanzan este nivel académico. Asimismo, desea especializarse en psicoterapia. Por su parte, Dulce comparte ese enfoque clínico, pero su principal objetivo es dedicarse a la docencia, no sólo con personas con discapacidad, sino también con quienes no la tienen, como una manera de demostrar que puede enseñar a cualquier persona sin limitaciones.

Finalmente, ambas manifestaron su interés en que exista mayor difusión sobre temas de discapacidad y que se implementen mejoras reales en los espacios educativos. “La discapacidad no es una discapacidad, somos personas”, concluyó Iby.