.

Instituto de Ingeniería acerca soluciones para uso de agua potable en zonas rurales

Campus
Mexicali
10 de Junio de 2026

Monitoreo sistemático y ciudadano en el Valle de Mexicali permite identificar riesgos y generar propuestas para el bienestar de la población.

Con el objetivo de conocer la calidad del agua que utilizan comunidades rurales y aportar soluciones que impacten en el bienestar de la población, la doctora Jesús Eliana Rodríguez Burgueño, investigadora del Instituto de Ingeniería (II) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), realizó el proyecto de investigación “Caracterización del agua potable en poblaciones rurales del Valle de Mexicali”.

La investigadora, con una maestría y doctorado en Ingeniería en el área de Medio Ambiente, explicó que el estudio surgió ante una realidad preocupante: el suministro de agua en estas localidades “depende de fuentes superficiales y subterráneas que no siempre cuentan con monitoreo sistemático, lo que puede representar riesgos para la salud pública”.

En el Valle de Mexicali, detalló, el uso del agua está determinado principalmente por la actividad agrícola, por lo que su distribución hacia las comunidades se realiza a través de canales de riego. Esta dinámica genera variaciones tanto en la cantidad como en la calidad del agua a lo largo del año.

.

Monitoreo sistemático: de la fuente al hogar

Con el fin de estudiar las variaciones del agua que llega a los hogares, la investigación abarcó un año hidrológico completo, de octubre a octubre, periodo utilizado para la calendarización de riegos agrícolas en la zona. “Hay meses en los que circula mayor volumen de agua, de abril a junio, y posteriormente disminuye, lo que implica que las comunidades acceden al recurso en distintas condiciones”, explicó la doctora Rodríguez Burgueño, quien es responsable del Laboratorio de Recursos Hídricos y Sistemas de Información Geográfica del II.

El monitoreo del agua fue sistemático, en dos localidades, donde se realizaron análisis físico, químico y bacteriológicos en tres puntos clave: la fuente de abastecimiento, la planta de bombeo y la toma domiciliaria. Los factores evaluados fueron si el agua era apta para uso humano, así como posibles fuentes de contaminación, con lo cual podrían “aportar evidencia útil para la toma de decisiones”, dijo la científica cimarrona.

“Estos estudios permiten conocer si el agua cumple con los parámetros establecidos, y detectar riesgos asociados a microorganismos o sustancias químicas que pueden provocar enfermedades, desde problemas gastrointestinales hasta afectaciones a largo plazo”, indicó.

Participación y monitoreo ciudadano

Además del componente científico, la doctora Rodríguez Burgueño señaló que el proyecto integró una dimensión social mediante la participación de las comunidades. Lo cual hizo posible establecer una relación cercana y de confianza, basada en la colaboración y el diálogo constante.

“Se trata de un proceso donde el conocimiento académico se combina con el conocimiento local, lo que fortalece tanto la investigación como el sentido de pertenencia y corresponsabilidad”, explicó.

Entre 2019 y 2023 se realizaron encuestas a cerca de 300 personas sobre la percepción de la calidad del agua, lo que permitió seleccionar las localidades de estudio. Posteriormente, se capacitó a un miembro de cada familia participante, para realizar monitoreo ciudadano.

Se les entregó un “Kit de calidad de agua” que permitió evaluar diversos parámetros del agua al sumergir una tira reactiva con capacidad para detectar 16 parámetros como pH, hierro, cobre, cloro, entre otros. También se les proporcionaron materiales informativos para interpretar resultados de colorimetría comparable. Esto fortaleció la cultura del cuidado del agua y la apropiación del conocimiento.

.
.

Impacto social

Como resultados inmediatos, la investigadora mencionó los siguientes:

  • Se observó una mayor comprensión de los riesgos asociados a la calidad del agua, así como cambios en prácticas cotidianas relacionadas con su uso y manejo.
  • Durante las capacitaciones, también se brindaron recomendaciones sobre higiene y uso seguro, como: hervir el agua, desinfectar alimentos y mantener limpios los depósitos de almacenamiento.
  • Asimismo, las personas mostraron interés por participar en el proyecto y contribuir con información que pueda incidir en la toma de decisiones.

Entre los principales hallazgos:

  • Identificación de necesidades en materia de saneamiento, infraestructura y capacitación.
  • Detección de condiciones bacteriológicas desfavorables en algunas etapas del proceso, lo que indica que el agua no siempre es apta para consumo o contacto humano.

La doctora Rodríguez Burgueño comentó que los resultados del estudio pueden servir como base para el diseño de políticas públicas más inclusivas y contextualizadas, al aportar evidencia sobre las condiciones del agua en zonas rurales. “La ley establece que el agua potable debe ser segura para consumo, pero en la práctica esto no siempre se cumple”, dijo. Y destacó que este proyecto contribuye a la toma de decisiones informadas y al reconocimiento del agua como un derecho humano que debe garantizarse en condiciones de seguridad y accesibilidad.

En este sentido, subrayó el papel de las universidades públicas como generadoras de conocimiento, formadoras de profesionales y agentes de cambio social, capaces de abordar problemáticas complejas desde una perspectiva interdisciplinaria.

Retos y colaboraciones

La investigadora del Instituto de Ingeniería agradeció la colaboración de las siguientes instancias: Comisión Nacional del Agua (CONAGUA); Comisión Estatal de Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Baja California (COEPRIS); Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C.; Sonoran Institute, así como de la Facultad de Arquitectura y Diseño Mexicali.

Hizo especial mención de la participación de los investigadores cimarrones: maestros Héctor Iván Molina Saldívar y Marco Ramiro Valenzuela Sarabia, además de la doctora Frida Sofía Cital Morales. Asimismo, resaltó la colaboración de otros integrantes de la comunidad cimarrona que forman parte de los cuerpos académicos: Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente, y Diseño Gráfico Aplicado.

Como futuras acciones, mencionó que contempla consolidar el monitoreo ciudadano y ampliarlo a más comunidades; fortalecer alianzas con instituciones gubernamentales y organizaciones civiles, así como desarrollar estrategias de comunicación accesibles para compartir los hallazgos.

El reciente aviso de aceptación del estudio en la convocatoria Thriying Earth Exchange de la American Geophysical Union, impulsa para continuar trabajando en el proyecto. Esta asociación “apoya la ciencia comunitaria, ayudando a las comunidades a encontrar recursos, gestores de proyectos y expertos para abordar sus problemas más acuciantes”, como cita la página informativa del organismo.

Finalmente, la investigadora hizo un llamado a la comunidad universitaria a impulsar la investigación con enfoque social. “El conocimiento no debe quedarse en el ámbito académico; tiene el potencial de transformar realidades”. “Investigar con este enfoque implica sensibilidad, ética y compromiso, pero también la posibilidad de generar un impacto tangible en la vida de las personas”, expresó.